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mayo 28, 2007

Otro sueño...

La semana pasada, durante la noche del viernes, tuve un par de sueños de lo más extraño, creo que fueron dos sueños entrelazados, puesto que terminando el primero, me encontré en el mismo lugar, y después de eso se inició el segundo.

Bueno, el primero empezó de noche, iba yo caminando con un compa del trabajo; según yo, acababamos de salir de trabajar, e ibamos por una calle que se me hacía muy parecida a una calle de por los departamentos, pero al mismo tiempo se me hacía muy parecida a una calle muy cercana a la de mi casa del DF (no me pregunten por qué). Yo venía cargando una mochila con lo que en estos momentos supongo, eran libros. Primero porque estaba muy pesada, y segundo porque traía otros dos libros bajo el brazo.

Al bifurcarse la calle, nos despedíamos, y Armando (el compañero con el que venía caminando) se seguía por el lado derecho (era una calle muy poco iluminada) de la calle, y yo por el lado izquierdo, avanzaba unos pasos cuando me percataba que habia alguien que me venía siguiendo. Yo aceleraba un poco el paso para ver si en realidad me seguía el susodicho. La aceleración en su andar confirmaba mi sospecha, entonces, yo daba vuelta a la izquierda en la siguiente calle, y me daba cuenta que me encontraba en una calle llamada Crisantemo que está a una cuadra de mi casa.

Cuando empezaba a dar la vuelta, y reconocía la calle, empecé a correr a todo lo que el peso extra me permitía, realmente no se por qué no símplemente tiraba los libros allí y pegaba la huída. El caso es que yo corría y sentía todo muy pesado. De cuando en cuando volteaba para atrás y veía que el fulano este se me acercaba cada vez más, cuando ya estaba dando vuelta en el andador (o pasillo para que no se confundan) que atraviesa la cuadra desde la calle donde estaba hasta la calle donde está mi casa, el desgraciado este me alcanzó. Me di vuelta cuando el wey, me tocó el hombro y me dió un jalón.

Al volverme me di cuenta que este cabrón tenía una navaja y me decía algo, mientras alzaba la mano como disponiendose a apuñalarme. Realmente no se con certeza cómo, porqué, de dónde saqué el valor, pero con la mano que tenía libre -los libros los tenía aún bajo el brazo y mi mochila en mi espalda- le arrebaté la navaja, seguido de que me ponía en pose amenazante esperando cualquier movimiento del monigote éste.

Por un momento veía en su cara un atisbo de duda, pero después de esto, huía. HUÍA el muy cobarde, pues ya no tenía su navaja. Yo me daba la vuelta todavía nervioso, y empezaba a caminar hacia el pasillo antes mencionado. Cuando ya iba a la mitad, oía pasos apresurados desde donde el güey habia huido. Sólo que ésta vez eran dos pares de pasos. Venía acompañado.

Podía sentir cómo se me hacía un hueco en el estómago por el miedo repentino, ya que el ratero doblaba en la pared dirigiéndose hacia mí acompañado de alguien más alto que él (el primer hombre tenía más o menos mi estatura), el cuál portaba algo que sería más certero describir como una versión Jumbo de la navaja que yo acababa de arrebatarle al asaltante de mi tamaño. En este momento, todo se volvió negro, y de repente me encontraba en la sala de mi casa (de allá).

Suena raro, yo sólo despertaba en el sillón de mi casa, súper sorprendido, pues al abrir los ojos lo primero que reconocía era la voz de mi abuelita (QEPD) hablando con mi mamá. Yo me paraba en chinga para ver si no me engañaban mis ojitos y, en efecto, ahí estaba mi abuela, sólo que yo la veía mucho más joven.

Pasaron algunas cosas que en estos momentos son lagunas y que no puedo recordar con claridad. Pero lo siguiente que recuerdo es que estaba frente a la reja de mi casa (en la parte de adentro) escuchándo a varios vecinos que querían ver a mi abuelita, porque querían saber cómo "pasó el milagro", cabe aclarar que mi abuelita sufrió de una parálisis temporal en el habla hace unos años, y yo decía para mis adentros: "Se han de referir a eso", pues dentro del sueño no recordaba (o aún no había pasado) que ella ya había muerto (en el mundo real).

Bueno, el caso es que estaban casi exigiendo -desde el otro lado de la reja- que los dejáramos verla, cuando yo me percaté de algo.

Volteé hacia el cielo, y vi lo que parecía -será una descripción lo más simple posible- un huevo gigantesco, un huevo dorado gigantesco. A continuación les dije acerca de eso a los vecinos tercos, y cuando vieron lo que había en el cielo, emprendieron una huida llena de histeria que en poco tiempo se esparció como reguero de pólovora en toda la colonia.

Yo me salía por la puerta de la reja hacia la calle, y me quedaba contemplando el -¿huevo?- objeto que, al parecer, estaba girando sobre su eje. Noté que mi primo Ari Ben salía a ver lo mismo, mientras que mi mamá, mi tía y mi abuela se quedaban en el patio y en el pasillo de la reja, viéndolo.

De repente, noté que dicho objeto de proporciones que, en serio, no puedo describir con exactitud, empezaba a descender rápido, cómo a unos 10 kilómetros al este de donde estabamos nosotros. El día estaba soleado, con un azul muy intenso, de esos que hace cuando el DF está totalmente despejado y que tanto se disfrutan. El objeto tocó tierra, haciendo retumbar el piso hasta donde estabamos nosotros. Lo que sucedió a continuación, sólo lo podría comparar con lo que he visto en películas relacionadas con el armageddon, pero aún así, creo que será algo difícil describirlo.

Después del tremor que causó al colisionar con el piso, ocurrió lo que al parecer fue una explosión de lo más rara, ya que a lo lejos se veía como cuando una gota cae en el agua y es tomada con una camara de alta velocidad. Se veía lo que parecían gotas gigantescas en el lugar donde el objeto chocó. Después de unos segundos, vino lo cataclísmico. Se escuchó una explosión estruendosa, todos nos tapamos los oídos en reacción a esto. A continuación siguió una mirada llena de incredulidad mientras veíamos cómo una onda de choque proviniente del lugar donde ocurrió el desastre -y que probablemente se alejó de forma circular desde el centro- se dirigía hacia nosotros, lo raro de esto es que se veía como una combinación entre la nube piroclástica de un volcán -la que arrasa con todo cuando los volcanes erupsionan completamente-, seguida de lo que parecía una inmensa pared de agua, como si fuera una tsunami.

Realmente no se por qué hice lo que hice a continuación, me agarré a los barrotes de la reja de mi casa, pero en la parte que no daba directamente al lugar por donde iba a pasar la onda de choque (yo sabía que de igual manera me iba a cargar la chingada), y le decía a mi primo que hiciera lo mismo, no se si él no me escuchó, o si no lo alcanzó a hacer a tiempo. El caso es que yo nada más veía como la onda arrasaba con todo cuando llegaba, lo que más me dolía es ver como mi primo nada más desaparecía cuando lo golpeaba la onda.

Mientras todo esto pasaba, volteé hacia los barrotes, me aferré lo más fuerte que pude, y ahí perdí el conocimiento, o morí, no sabía que pasaba.

Desperté en una litera, en un cuarto a oscuras, no sabía si seguía con el sueño, o si ya era otro. Me traté de levantar, pero algo me golpeó en la mano. Algo pequeño, como una canica. Volteé hacia el piso, y lo que vi me dejó helado, un pequeño ser de color verde, de cuerpo pequeño, cabeza grande (que cabía en mi mano, como después pude constatar), ojos saltones y negros, muy negros. Dicho ser me estaba disparando con lo que parecía ser una pistola que arrojaba bolitas de color verde, y que dolían bastante. Mi primer impulso fue agarrarlo, pero segúía disparandome. Lo tomé por el cuello (no ha de haber tenido más de 30 cms de altura total). Y lo zangoloteaba, preguntándole qué pasaba. Como no me respondía, y otro ser igual había venido -al parecer a ayudar al que tenía en mis manos- me hartaba, y le aplastaba la cabeza a éste. La consistencia de su sangre -que era azul chillón- era muy viscosa. Salía de allí, pateando al otro monigote, y arrojando el cuerpo del primero al piso, no sin antes examinarlo un poco.

Cuando salí a lo que era la calle, entré en estado de shock. Todo estaba en ruinas, edificios en llamas por todos lados, era de noche, casi no había personas, pero lo más espeluznante era que no había piso donde deberían estar las calles, sino que era si en vez de concreto o asfalto hubiera agua, estanques de agua muy profundos.

Lo que sigue no lo recuerdo con exactitud, solo recuerd que estaba buscando a personas conocidas, y de repente me encontraba a Inés, y después a Angel, a quienes les preguntaba por Oscar, Javier y Julio. Ambos me respondían que no sabían donde estaban -Qué raro, en el DF, destruido por una explosión y me encontraba a ellos-. Después de esto empezabamos a buscarlos por todos lados, hasta que aceptabamos el hecho -según nosotros- que ya estaban muertos. Seguimos así por un tiempo -los métodos de transporte eran lanchas, o cosas así-. Pinche sueño más loco, lo se.

Después de un rato, de cosas que realmente no recuerdo, o talvez sólo me salté dentro del sueño allí, nos acercabamos a una como trajinera, o un bote algo grande, subíamos a él y dentro de él encontrabamos a los tres weyes, no manches, qué sorpresa nos llevabamos, ellos estaban tomando o comiendo -no recuerdo- cuando yo los veía al abordar dicho bote. Nos sentabamos con ellos, a platicar, a festejar, etc. Después de ésto... Sólo digamos que me desperté, para ahorrar detalles que no son del dominio público. El despertador, como siempre me sacó de mi letárgico sueño.

Qué post tan largo.

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